Hoy cambió el videojuego. Acabo de apagar la consola y todavía cuesta procesar lo que acabo de jugar. Grand Theft Auto IV no se siente como una nueva entrega de una saga conocida; se siente como un verdadero parteaguas en la industria. Como esos momentos raros en los que uno entiende, sin necesidad de pensarlo demasiado, que algo acaba de cambiar para siempre. De la misma forma en que ocurrió en su día con el salto de SNES a Nintendo 64 o de PS1 a Dreamcast, Rockstar Games ha dado cátedra y no está compitiendo con otros estudios, sino consigo misma.
Puedes quedarte en media calle y el mundo sigue transcurriendo sin ti. El tráfico sigue reglas propias, los peatones reaccionan a estímulos, discuten o conversan entre ellos, llaman a la policía -tu mismo puedes llamarla y llegan justo donde están-, y cada barrio tiene su propia identidad, ritmo y comportamiento. Las físicas hacen que cada pelea, choque o persecución sea distinta. Los personajes tropiezan, se sostienen de paredes, caen de manera torpe y violenta. No hay animaciones rígidas ni reacciones predefinidas. Todo parece improvisado, casi sucio, y por eso mismo mucho más creíble.
El cambio de tono es otro de los golpes fuertes. GTA IV es serio. Muy serio. Y nos encanta. No hay colores brillantes ni exageraciones constantes. Liberty City es gris, fría y hostil, como la ciudad sin nombre de Se7en. Y Niko Bellic encaja perfecto en ese mundo. No es un protagonista carismático ni exagerado. No es un héroe, es un inmigrante cansado, marcado por la guerra, que llega persiguiendo un sueño americano que claramente no existe. Sus diálogos son secos, incómodos, a veces hasta tristes. Por primera vez en la saga, el personaje principal no parece disfrutar lo que hace, y eso le da un peso narrativo completamente nuevo a cada misión, porque no glorifica el crimen, lo retrata.
Y esto, es otro punto clave. Las misiones, al menos en estas primeras horas, están perfectamente diseñadas e integradas en su narrativa. No se sienten como excusas para el caos, sino como partes de una historia más grande. Hay menos espectáculo gratuito y más situaciones tensas, más creíbles con un juego que no busca sorprender con locuras constantes, sino con situaciones que se sienten posibles y reales dentro de su mundo. Desde los espectáculos de stand-up con Ricky Gervais -este tipo será una maldita estrella-, contando unos monólogos brutales sobre guerra, cáncer, sida y obesidad es de lo más despiadado e hilarante que hemos escuchado en un videojuego. Y retrata a la perfección el mundo que Rockstar Games ha creado.
Y lo único que queremos hacer, es terminar este review para volver a él otra vez. Si esto no lo dice todo, nada lo hará. Porque lo que Rockstar Games ha hecho con GTA IV es más que una evolución, es un cambio de dirección completamente opuesto a lo que todos hacen. Rockstar acaba de subir la vara para los mundos abiertos. GTA IV ha cambiado el juego. Para siempre. Y como dijo The Joker en el trailer de The Dark Knight: You change things. Forever. there's no going back.
Sí. Hoy cambió el videojuego.


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